¿Se Está Convirtiendo la Derecha Conservadora en el Nuevo Globalismo?
Durante la última década ha emergido una red internacional cada vez más articulada de partidos, gobiernos, think tanks, medios de comunicación y líderes de opinión vinculados al nuevo conservadurismo occidental. Lo que comenzó como una reac…

Durante la última década ha emergido una red internacional cada vez más articulada de partidos, gobiernos, think tanks, medios de comunicación y líderes de opinión vinculados al nuevo conservadurismo occidental. Lo que comenzó como una reacción fragmentada frente al orden liberal internacional ha evolucionado progresivamente hacia una arquitectura informal pero reconocible de cooperación transnacional conservadora, caracterizada por una creciente convergencia discursiva, simbólica y estratégica entre actores políticos de derecha en Europa, América y otras regiones del mundo. Este fenómeno ha generado importantes beneficios para las fuerzas conservadoras: intercambio de ideas, transferencia de buenas prácticas, legitimación mutua, coordinación internacional y fortalecimiento de ecosistemas intelectuales alternativos al consenso liberal dominante. Sin embargo, también plantea una tensión estructural de creciente importancia: el riesgo de que el conservadurismo internacionalizado termine subordinando el interés nacional de sus respectivos actores a lealtades ideológicas transnacionales.
- Internacionalización del conservadurismo, soberanía nacional y tensiones emergentes en la nueva derecha transnacional
Internacionalización del conservadurismo, soberanía nacional y tensiones emergentes en la nueva derecha transnacional
Resumen Ejecutivo
Durante la última década ha emergido una red internacional cada vez más articulada de partidos, gobiernos, think tanks, medios de comunicación y líderes de opinión vinculados al nuevo conservadurismo occidental. Lo que comenzó como una reacción fragmentada frente al orden liberal internacional ha evolucionado progresivamente hacia una arquitectura informal pero reconocible de cooperación transnacional conservadora, caracterizada por una creciente convergencia discursiva, simbólica y estratégica entre actores políticos de derecha en Europa, América y otras regiones del mundo.
Este fenómeno ha generado importantes beneficios para las fuerzas conservadoras: intercambio de ideas, transferencia de buenas prácticas, legitimación mutua, coordinación internacional y fortalecimiento de ecosistemas intelectuales alternativos al consenso liberal dominante. Sin embargo, también plantea una tensión estructural de creciente importancia: el riesgo de que el conservadurismo internacionalizado termine subordinando el interés nacional de sus respectivos actores a lealtades ideológicas transnacionales.
La paradoja es evidente. Un movimiento nacido en buena medida como reacción contra el cosmopolitismo liberal, el supranacionalismo tecnocrático y la erosión de la soberanía nacional corre el riesgo de reproducir dinámicas análogas bajo nuevos códigos culturales y simbólicos. Si no se gestiona adecuadamente, la actual internacionalización del conservadurismo podría derivar en una forma alternativa de globalismo ideológico: uno menos progresista en contenido, pero estructuralmente similar en sus lógicas de coordinación, presión, homogeneización discursiva y subordinación de particularidades nacionales a una narrativa transnacional compartida.
La cuestión central para el futuro de la nueva derecha internacional no es, por tanto, si debe existir cooperación entre movimientos conservadores, sino bajo qué principios debe articularse dicha cooperación para evitar que el internacionalismo conservador termine erosionando el fundamento patriótico que históricamente ha definido al pensamiento conservador.
I. La Tradición Conservadora y su Vínculo Histórico con el Patriotismo
Históricamente, el conservadurismo ha estado íntimamente ligado a la defensa de comunidades políticas concretas, tradiciones nacionales específicas e instituciones heredadas arraigadas en contextos históricos particulares. A diferencia de las grandes ideologías universalistas de la modernidad —liberalismo, socialismo o comunismo—, el conservadurismo clásico no surgió como un proyecto exportable o universalizable, sino como una disposición política orientada a preservar órdenes sociales concretos frente a dinámicas revolucionarias o abstractas.
Desde Edmund Burke en el Reino Unido hasta Donoso Cortés en España, pasando por Charles Maurras en Francia o el conservadurismo húngaro del siglo XIX, la tradición conservadora compartió un rasgo común: la defensa de lo particular frente a lo abstracto, de la comunidad histórica frente al universalismo ideológico, y de la nación como marco prioritario de lealtad política.
Durante gran parte de la historia contemporánea, incluso en contextos de alianzas internacionales o bloques ideológicos —como la Guerra Fría—, el conservadurismo mantuvo una fuerte impronta nacional. Thatcher era inseparable del interés británico, De Gaulle del francés, Reagan del americano. La cooperación internacional existía, pero no diluía la centralidad del Estado-nación como referencia política primaria.
La premisa histórica era clara: el conservadurismo no aspiraba a homogeneizar naciones, sino a preservar sus diferencias.
II. El Surgimiento de un Ecosistema Conservador Internacional
La progresiva erosión del orden liberal internacional y la percepción compartida de amenaza frente al avance del progresismo cultural, la tecnocracia supranacional y el cosmopolitismo postnacional han favorecido la aparición de un ecosistema conservador transnacional cada vez más cohesionado.
En la práctica, dicho ecosistema se articula a través de:
- Redes de think tanks y fundaciones internacionales, que coordinan producción intelectual y policy-making.
- Grandes foros y conferencias internacionales, como CPAC, NatCon, MEGA o Tusványos.
- Medios de comunicación y plataformas digitales conservadoras, con creciente alcance transfronterizo.
- Intercambio de consultores, estrategas y operadores políticos entre distintos países.
- Canonización de determinados líderes como referentes transnacionales, particularmente Donald Trump, Viktor Orbán, Giorgia Meloni y Javier Milei.
Este fenómeno ha generado una suerte de lenguaje político conservador internacional relativamente estandarizado. Conceptos como soberanía, anti-wokismo, civilización occidental, familia tradicional, defensa de fronteras, lucha contra el globalismo o batalla cultural circulan hoy con notable uniformidad entre movimientos conservadores de contextos nacionales muy diversos.
El problema es que esta convergencia discursiva, aunque útil para construir identidad y comunidad internacional, introduce el riesgo de homogeneizar artificialmente realidades nacionales profundamente distintas.
III. Del Patriotismo al Alineamiento Ideológico: Una Tensión Creciente
La principal tensión emergente dentro de este nuevo ecosistema conservador internacional radica en la progresiva sustitución del patriotismo clásico por formas crecientes de alineamiento ideológico transnacional.
Cada vez con mayor frecuencia, partidos, líderes y opinadores conservadores adoptan posiciones, discursos o alineamientos internacionales no tanto en función de un cálculo autónomo de interés nacional como en función de afinidades ideológicas con actores extranjeros percibidos como aliados dentro de una misma causa civilizacional o cultural.
Ello supone una inversión significativa respecto a la lógica histórica del conservadurismo.
Mientras el conservador clásico entendía que su primera obligación política era hacia su propia comunidad nacional, sectores de la nueva derecha parecen cada vez más inclinados a priorizar la solidaridad ideológica internacional sobre consideraciones estrictas de interés nacional.
Esto se manifiesta especialmente en política exterior, donde algunos actores conservadores muestran reticencia a criticar decisiones perjudiciales para sus propios países cuando estas proceden de líderes extranjeros ideológicamente afines.
La consecuencia es una creciente confusión entre alianza ideológica y alineamiento estratégico.
IV. La Asimetría Estructural Entre Gobiernos y Oposición
Uno de los factores que agravan esta tendencia es la asimetría estructural entre gobiernos conservadores en ejercicio y partidos conservadores de oposición.
Los gobiernos, una vez en el poder, deben necesariamente subordinar pureza ideológica a realismo estratégico. La gestión de alianzas, comercio, energía, defensa, seguridad y diplomacia obliga a introducir pragmatismo y matización en la toma de decisiones.
Por el contrario, los partidos de oposición gozan de libertad para adoptar posiciones ideológicamente maximalistas sin afrontar costes inmediatos de gobernanza.
Esto produce una división funcional dentro del ecosistema conservador internacional:
- Los gobiernos actúan con realismo estratégico.
- Las oposiciones actúan con maximalismo ideológico.
Sin embargo, en el plano transnacional, la retórica ideológica suele generar más visibilidad que la prudencia gubernamental. Como resultado, el tono del movimiento tiende a ser definido por actores con menos responsabilidad de gobierno y, por tanto, menor exposición a las restricciones del poder real.
Esta dinámica genera un riesgo adicional: partidos pequeños o periféricos comienzan a modelar su comportamiento no sobre la prudencia estratégica de gobiernos exitosos, sino sobre la estética, narrativa o maximalismo discursivo del ecosistema conservador internacional.
V. El Riesgo de Hegemonía Dentro del Propio Internacionalismo Conservador
La internacionalización conservadora no es horizontal. Como todo ecosistema internacional, contiene jerarquías de poder.
Los grandes polos hegemónicos —principalmente Estados Unidos, y en menor medida ciertos gobiernos europeos influyentes— poseen mayor capacidad para definir agenda, imponer marcos interpretativos y estructurar prioridades ideológicas del movimiento.
Esto plantea una cuestión fundamental: incluso dentro de un internacionalismo conservador basado formalmente en la soberanía nacional, los intereses de los actores hegemónicos no dejarán de primar sobre los de sus socios menores.
En otras palabras, la retórica de solidaridad conservadora internacional no elimina la realidad estructural de la política de poder.
Todo actor hegemónico, por afín ideológicamente que sea, tenderá a instrumentalizar alianzas internacionales en función de sus propios intereses nacionales.
El riesgo para actores más pequeños o partidos de oposición extranjeros es terminar subordinando inadvertidamente sus propias prioridades nacionales a agendas estratégicas diseñadas por potencias mayores bajo cobertura de afinidad ideológica.
VI. Europa y los Límites de una Potencia Conservadora Integrada
Esta tensión resulta especialmente visible en Europa.
Buena parte de la nueva derecha europea comparte una visión favorable a una mayor coordinación continental entre gobiernos soberanistas. Sin embargo, dicha aspiración tropieza con una contradicción estructural: una Europa geopolíticamente poderosa requeriría niveles de integración política incompatibles con la soberanía nacional plena que el propio conservadurismo afirma defender.
Además, incluso bajo hegemonía conservadora, persistirían divergencias irreconciliables entre intereses nacionales europeos:
- España y Polonia no comparten prioridades estratégicas en Ucrania.
- Italia y España compiten parcialmente en política migratoria mediterránea.
- Hungría, Francia y Alemania mantienen orientaciones geopolíticas estructuralmente distintas.
La conclusión es clara: no existe una “Europa conservadora” unitaria potencial sin sacrificio significativo de soberanía nacional.
El conservadurismo europeo debe asumir que una Europa plenamente soberanista será necesariamente plural, fragmentada y competitiva, no un actor hegemónico integrado.
VII. Conclusión: El Futuro del Conservadurismo Internacional
La internacionalización del conservadurismo constituye uno de los desarrollos políticos más relevantes de la última década. Ha permitido romper el monopolio cultural del liberalismo internacional y ha generado una infraestructura ideológica, política y mediática sin precedentes para la derecha occidental.
Sin embargo, su consolidación plantea una pregunta estratégica fundamental: ¿puede existir un internacionalismo conservador sin degenerar en una nueva forma de globalismo ideológico?
La respuesta dependerá de si el movimiento es capaz de preservar una jerarquía política clara:
- La cooperación internacional debe servir al interés nacional, no sustituirlo.
- La afinidad ideológica debe facilitar alianzas, no dictar subordinaciones.
- La solidaridad civilizacional debe reforzar la soberanía nacional, no diluirla.
En última instancia, el conservadurismo solo seguirá siendo verdaderamente conservador si mantiene como principio rector que la primera obligación política de todo actor conservador es hacia su propia nación.
Todo internacionalismo conservador que invierta esa jerarquía dejará de ser patriotismo cooperativo para convertirse en una nueva forma de globalismo estructural.
La cuestión, por tanto, no es si los conservadores deben cooperar internacionalmente. La cuestión es si serán capaces de hacerlo sin convertirse en aquello contra lo que originalmente se rebelaron.
Nota: Una versión más extensa y desarrollada de los argumentos contenidos en este informe fue publicada por Juan Ángel Soto en el Danube Institute en julio de 2025 bajo el título Towards a Brave New World: Are Conservatives the New Globalists? Disponible en: https://danubeinstitute.hu/en/research/towards-a-brave-new-world-are-conservatives-the-new-globalists
Publicación original en julio de 2025.